jueves, 13 de octubre de 2011

COSAS POR LAS QUE JEAN PAUL ME GUSTA MUCHO

En La vida del risueño maestrillo Maria Wuz de Auenthal (Velecío ed. 2008), relato incluido en el libro El palco invisible (1790), Jean Paul pone sobre el escenario al admirable maestrillo Maria Wuz de Auenthal. Pero ¿qué tiene de particular este personaje? Entre otras muchas cosas, precisamente, su obsesión por negar la originalidad. “Wuz -escribe Jean Paul- se estaba escribiendo toda una biblioteca de su propio puño y letra”. Wuz copiaba todos los libros que salían al mercado (o al menos esa era su intención), se apoderaba de ellos, dice Jean Paul. Ahora bien, su apropiación no implicaba un fetichismo propiamente dicho, ni siquiera un sentido de homenaje, sino que su falsificación tenía por objeto amplificar el sentido “del original”. Lo curioso, y donde se asienta su perspectiva negativa del original, se sitúa en el modo y efectos de este desvío. El desvío apropiacionista que hacía de las obras le llevaba habitualmente a confundir las copias con los “originales”: “había acabado creyendo como artículo de fe que sus libros copiados eran realmente los documentos canónicos, y los impresos, simples imitaciones de los copiados”. Por ello se lamentaba de “no haber podido averiguar cómo y por qué los impresores falsificaban tan frecuentemente lo impreso, tergiversando de modo que en verdad era como si lo impreso y lo escrito hubieran tenido dos autores”.  Y es que entre las labores de copia, que Jean Paul denomina correcciones, hallamos libros como Los bandidos de Schiller o la Crítica de la razón pura  de Kant. Y así nos lo describe Jean Paul: “ahí le tenemos, escribiendo de todo, y si el mundo cultural queda perplejo de que él, a las cinco semanas de la reedición de los Sufrimientos de de Werther, tomara un viejo plumero y se lanzara a “escribir” la tal obra trabajando de pie […] no menos perplejo se queda nadie ante tal mundo cultural de lo que lo estoy yo, pues ¿cómo pudo tal mundo haber visto y leído Las confesiones de Rousseau, escritas por Wuz, y que a estas fechas siguen figurando entre sus papeles?”. Porque, de modo añadido, un elemento importante del sentido apropiacionista o de desvío del maestrillo Wuz era introducir durante el proceso de la copia, escenas y momentos de su propia biografía. De esta forma, nos dice Jean Paul, si queremos saber algo de la vida de Wuz lo que debemos hacer es leer sus obras copiadas. Allí hallaremos, no sólo su vida (¿o es la de los otros?) entre las escenas de otros libros (¿o eran los suyos?) sino además el cuestionamiento del original. Escribe Jean Paul: “La copia o protocolo de toda la cena se podría encontrar en la Mesiada, en la que él, muy a su estilo, introducía y entretejía en el sexto Canto, como hacen todos los grandes escribanos, datos de su vida, sus conocimientos femeninos, hijos, campos de labranza, ganado en aquella especia de opera omnia”. Wuz no creía en el original. No pretendía recrear el gesto aurático de un supuesto original, no pretendía establecer un homenaje al autor. Su pretensión se situaba más en el intento de producir una tensión entre dos escrituras, pero por encima de ello, la negación de la reverencia a un original.
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